Si conocieras el corazón de Dios Padre.
Cuando entro en mi interior,
cuando el silencio llega al corazón,
cuando mi oración respira una presencia
y me siento habitado por el amor, me pregunto:
«¿Si conocieras el Corazón de Dios Padre?»
Quisiera que mi corazón se uniera a su Corazón,
y escuchar su voz: «Con amor eterno te amé»,
entonces quedarme callado, admirado, sobrecogido,
contemplando tan alto misterio.
¿Cómo podré convertirme
al amor que brota del Corazón del Padre?
¿Cómo podré creerme
que nunca dejó de amarme?
Cuando le ofendía no dejaba de amarme
porque más necesitado estaba de su amor.
Hay un misterio, manantial de vida,
en el Corazón del Padre,
la cruz y el sufrimiento de su Hijo
es abrazo de amor,
herida abierta y dolor.
Y el Hijo gritó:
«¡Dios mío, Dios mío!
¿por qué me has abandonado?».
Y el Padre lloró,
un gemido se produjo en el cielo
y la tierra tembló.
La lluvia del Espíritu
entró en cada corazón,
ya no más muerte, sólo el amor,
el hombre miró y se arrepintió.
Y así reconciliados en el Hijo
pedimos cada día:
«Conviértenos, Padre, a tu amor
para que nuestra alegría
llegue a su plenitud».
Santa María, Madre nuestra,
tú que meditabas todo en el corazón
eleva esta plegaria de tus hijos
al Padre que es todo Corazón. Amén.
P. Lázaro Albar